| Defensa del cerro de las dos banderas
 | Este carácter de símbolo histórico dual, soberanía y ambiente, debe ser preservado a toda costa. Pero las amenazas son reales. |
Raúl Leis R.
SOCIOLOGO Y ESCRITOR
EL 9 DE ENERO SUBÍ otra vez el cerro como parte de la romería que conmemoraba la patriótica gesta. Para mi hijo más pequeño fue su primera vez en ascender. Espero que en las siguientes subidas él, y a su generación, no lo detenga un letrero de "propiedad privada" que le imponga restricciones, tal como me lo impidió a mí, a su edad, uno que decía en inglés que no traspasara por estar en una base militar extranjera. No puede pasar desapercibido, el cerro Ancón es parte misma del paisaje urbano capitalino y del pasaje interoceánico de los que atraviesan el Canal. Su enorme bandera en la cúspide nos recuerda a cada instante el incalculable valor simbólico y emblemático del promontorio no sólo para los capitalinos, sino para todos los habitantes del istmo. Gracias a los versos conmovedores de Amelia Denis de Icaza, el cerro se hizo parte del imaginario de toda la población y se constituyó en un faro, en un monte Sinaí que ejemplificó la lucha por la soberanía nacional. Se puede afirmar que la transferencia de los bienes canaleros se hizo sangre y hueso en la conciencia nacional cuando el cerro pasó a la plena soberanía panameña, y se convirtió en un bien público accesible para todos y todas. El cerro, además, es portador de otra "bandera", pues es un penacho verde que emerge de la masa de cemento y autos en movimiento, proyectando su intenso carácter ambiental. Esa mesa de vegetación, flora y fauna es una afirmación del Panamá la verde -como nos bautizó Vicente Blasco Ibáñez-que se niega a desaparecer ante las amenazas de depredación del medio ambiente que, de concretizarse, nos convertiría en un inmenso Sarigua. Este carácter de símbolo histórico dual, soberanía y ambiente, debe ser preservado a toda costa. Pero las amenazas son reales. Proyectos privatizadores, que tienen su punta de lanza en la construcción de un teleférico, están en marcha con la anuencia de las autoridades. De darse, el cerro sería minado progresivamente como presencia histórica, ambiental y soberana; sería entonces un espacio comercial segregado y degradado de sus contenidos simbólicos. La ecología no es una moda inofensiva referida sólo a selvas lejanas o recónditas áreas rurales, o que tiene que ver solamente con la bucólica alusión a especies exóticas en extinción. El tema del ambiente está ligado a toda acción humana, y es un componente fundamental de cualquier proceso de desarrollo que se precie como tal. Es una falsa contradicción el progreso económico y la promoción de un medioambiente adecuado para todos. Los proyectos económicos, sean urbanos, comerciales, industriales, que no posean el ingrediente ambiental, son contrarios al progreso, pues cuando el ambiente no es tomado en cuenta o es agredido, nos responde como un cañón cargado que se vuelve y dispara contra nosotros mismos. Bien claro la establece la Visión nacional 2020, compromiso de futuro creado y firmado por todos los sectores mediante el consenso, cuando liga en forma armónica componentes como el desarrollo económico, con el ambiente, la equidad, la participación democrática y la autodeterminación. Además, cuando se trata de un bien histórico simbólico, éste no puede ser enajenado ni manipulado de ninguna manera, sino afirmado y enaltecido. Su enorme bandera en la cúspide nos recuerda a cada instante el incalculable valor simbólico y emblemático del promontorio no sólo para los capitalinos, sino para todos los habitantes del istmo. |
Hace poco tiempo el rechazo popular abortó al intento de la ex presidenta Moscoso de imponer "la carretera ecológica" en el Parque Nacional Volcán Barú, lo que se constituyó en un factor importante en su desgaste político. Luego, los movimientos ambientalistas y ciudadanos consiguieron frenar el tema del Camino de Cruces en la parcela CL-35 ubicada en Clayton, corregimiento de Ancón, al igual del relleno en la Avenida Balboa. Lo que estas experiencias han puesto en el tapete es la disyuntiva de la vigencia del interés general o el predominio del interés particular. Esto se expresa hoy en el caso del cerro Ancón en donde, por un lado, están los bienes públicos ambientales, históricos culturales y patrióticos versus el peso voraz de intereses particulares articulados a la acción u omisión de un Gobierno que debería velar por el patrimonio nacional y natural inmerso en un área revertida, que no es un regalo, sino producto de la lucha histórica del pueblo panameño por su soberanía plena en todo el territorio. El cerro de las dos banderas, el tricolor nacional y el verde de su vegetación, necesita de una ciudadanía activa que lo defienda y lo cuide, así como de un Estado que lo respete anteponiendo los versos de la poetisa a los cantos de sirena de las cajas registradoras. (raulleisr@hotmail.com) |